• Babilonia

Los Agricultores Muertos por Eduardo Campoy



Aunque sea difícil de creer, muchos agricultores quieren ser enterrados tras su muerte (antes no resulta aconsejable). Uno pensaría que, tras una vida tocando tierra, querrían alejarse de ella. Pero hasta ahora no se sabe de ningún agricultor que se haya quejado de esto tras el sepelio. Es lo que tienen los muertos, que se quejan poco.


Hay quien puede pensar que eso es lo que quieren. A fin de cuentas, se pasan la vida acercándose a la tierra, con las narices pegadas al suelo del bancal metiéndose tierra por dentro. Es lo que pasa en el entierro, pero al revés. Supongo que lo hacen para adquirir práctica.

Muchos agricultores te dirán que no lo están así por gusto, sino para vivir. Que su cuerpo se queja por andar pegados al suelo.


Mentira.


No se puede negar que sufren dolores. Pero los sufren principalmente donde el culo pierde su profano nombre. Justo la parte del cuerpo que durante la labranza queda más alejada de la tierra.


Y es que la espalda es envidiosa y protestona. Mientras las manos y pies se entierran y los pulmones se llenan de polvo, la espalda se queda mirando hacia arriba. Y ella también quiere jugar.


Es curioso ver cómo, cuanto más nos alejamos del mundo rural, menos quiere la gente volver a la tierra. En el mundo actual, sobre todo en las ciudades, los nichos e incineraciones son más corrientes que en el mundo rural.


Hay quien dice que es por la falta de espacio. Tonterías. Lo que pasa es que esa gente no quiere ver la tierra ni en pintura. Los desertores del arado no quieren volver al sitio del que escaparon.


O puede que todo esto sean disparates, y lo que quieren es que la muerte les proporcione una vida cómoda. Para quien se ha pasado tantos años con el espinazo agachado, la posibilidad de recostarse por siempre jamás puede ser muy tentador. Al menos más que eso de acelerar el “en polvo te convertirás” poniendo el horno en el programa más alto. Y que debajo del pijama de madera haya tierra blandita suena mejor que el tener debajo duro ladrillo.


Además, con todo ese asunto del ciclo de los nutrientes, si te entierran algo de ti pasa a ser parte de unas plantas. Y cuando has tenido que pasarte la vida cuidando de plantas y constatando de primera mano la vida tan tranquila que llevan, no suena tan mal eso de tener una segunda vida como planta.


Y así se cierra el círculo. Y el plantador es plantado.

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