• Babilonia

Sin Título por Lety Ferreira




Me siento en el suelo y de mis ojos comienzan a brotar lágrimas, no me es nada díficil soltarlas, no me doy el lujo de llorar si no es con estos métodos de por medio. Empiezo a susurrar.


—David, eres un maricón.


Cuchillada en la muñeca izquierda, muy suave.


—David, eres débil.

Cuchillada en la derecha.


—David, ¿podrías recomendarme algún truco de maquillaje?


Golpe en el suelo con los puños, de mis nudillos comienza a nacer la sangre de heridas aún no cicatrizas.

—David, ¿tienes novio?

—¡David ¿te violaron de pequeño?

—¡David, nadie te quiere!

—¡Estás solo!


Hago un corte más profundo en la mano izquierda, dejo que la sangre brote. Mi llanto se hace mucho más intenso, quiero desangrarme de una puta vez. Según una señora iré al infierno por amar a quien desee. Pero nada es más infierno que las cuatro paredes en las que me encuentro.


Miro el cuchillo con deseo. Está manchado de sangre, y por primera vez en mucho tiempo, no me importa. Ha dejado de importarme mancharlo todo, llorar tan alto como para que los vecinos del edificio me escuchen. He dejado la carrera. He dejado de pagar el piso. He huido de mi casa. He empezado a morir.


—Mamá decía que papá era bueno.


Cuchillo a la muñeca derecha mientras me balanceo y dejo que Asleep se una a mí en bucle.


—Papá nunca fue bueno. Mamá nunca fue buena. ¡Yo siempre fui peor!

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