• Babilonia

Yanomami Hijos de la Luna por María del Carmen Martínez



Contemplando silenciosa aquel espectáculo, mirando la poderosa naturaleza frente a mí, tan insignificante, me sentí invadida por sensaciones extrañas. Cerré los ojos y vi pasar en un segundo mi vida entera. Mi niñez, correteando por el shabono junto a otros niños, la primeras excursiones con mamá y la abuela a recolectar frutos silvestres, las horas de sopor tumbada junto a mi hermana en el chinchorro, las luciérnagas de la noche que atrapábamos para jugar, los rezos del chamán tan misteriosos. También recordé la unión con Yoasi, mi esposo. El nacimiento de nuestro hijo, de su triste funeral con su cuerpecito quemándose en la pira. La vida pasó ante mi en un instante. Mis ojos se abrieron de nuevo y sentí las lágrimas correr por mi cara. Mi estado de ánimo entristecido por los recuerdos y el cansancio, dejó paso a la esperanza. Una extraña energía invadió mi alma. Las gotas de agua de la catarata que llegaban hasta mi en forma de llovizna, bañaban mi cuerpo y mi espíritu. Una renovación crecía en mi interior. Una fuerza poderosa y reveladora despertaba en mí, supe entonces que nada malo me sucedería, que volvería con los míos.

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